viernes, 7 de mayo de 2010

Mi dignísima Señora


Hoy se conmemora el nacimiento de Eva Perón, la mujer más importante de la historia Argentina. Y hoy es fundamental no sólo recordar su enorme figura, sino también, su contraste; el odio que generó una figura como Eva Perón en sus adversarios. No es casual que las mismas palabras de ayer, sean hoy una realidad. Palabras como “yegua”, “conchuda”, son parte del itinerario que los figurones y los que quieren ser “censurados”, se ocupan de tapar, además de las obras y las políticas de estado del gobierno nacional. Evita fue el antecedente más importante, su figura mostró la podredumbre de una sociedad pacata, tilinga, snob; personalidades como la de Martínez Estrada, fallecida Evita, la seguían atacando. En este video, Feinmann analiza el caretaje de estos nuevos “activos snobs”, como los llama Escudé:


Martínez Estrada antes de comparar a Evita con Sempronia, en el mismo capítulo dice esto:

“La moral y la prédica de nuevas virtudes cívicas que acometió esta mujer han demostrado cuáles han sido su formación espiritual, su juventud y las dificultades de una ruda lucha por la vida. No nos detengamos a compadecerla como acaso merezca, porque el daño que ha hecho al país, asociándose por afinidades electivas con otro resentido como ella en complicidad más que en matrimonio, es inconmensurable e imperdonable. Pero lo cierto es que no hay esclavitud sin esclavos ni infamia sin infames. Y mientras el hombre puede cortarse la lengua con los dientes y escupírsela a la cara al opresor, y beber en honor de los dioses de la salud una vaso de cicuta, el ácido de la infamia resbala sobre la personalidad humana como sobre oro puro. Esta mujer, además de “recibir hombres” como reza una ficha de crédito de alguna peletería, era actriz de un teatro de varietés (Teatro de variedades) de suburbio. Tenía no sólo la desvergüenza de la mujer pública en la cama, sino la intrepidez de la mujer pública en el escenario. Era, cualquier papel, incluso el de la dama honorable o de “líder espiritual” o alguna “patrona de los desamparados”. (Ezequiel Martínez Estrada, ¿Qué es esto? Catilinaria, VII, Esbozo de “la mujer”,pag 308)

Pero no todos fueron tan soretes como Martínez Estrada, hubo amor, talento, compromiso. Como la milonga que le dedicó Homero Manzi: Versos de un payador a la señora Eva Perón.

1 comentario:

Maricé dijo...

Lamentablemente, ese insigne sorete que fue Martinez Estrada sigue siendo homenajeado y nada menos que en la Biblioteca Nacional donde acaban de ponerle su peludo nombre a la Hemeroteca, a propuesta de nada menos que su Director, Horacio González.
Cosas vedere Sancho que non crederes.