lunes, 6 de abril de 2009

"Prostitutas" por José Pablo Feinmann


Encontré este video de José Pablo Feinmann donde habla sobre Evita. Ideas expresadas en el artículo: “Niñas rebeldes y putas azarosas”.

Un posteo mío sobre Ezequiel Martínez Estrada.



4 comentarios:

MONA dijo...

Muy claro estuvo Feinnman... Tal vez se podría agregar, que de la misma manera que la aristocracia rechazaba que la mujer pública que era Eva se vistiera con los atuendos de otra clase social, la gente trabajadora, apreciaba su vestuario, la comparaba con una reina, que tenía la bondad de acercarse a los humildes. Se identificaban con ella, la que salió de un hogar tan pobre, y pudo llegar. Tal identificación oficiaba como un símbolo: ahora (en ese momento) los más pobres tenían una esperanza, y Eva era el "sueño" del ascenso social.
¡¡¡Buenísimo el video!!!
Te saludo.

Lalo dijo...

Jojojojooo, buenisimo! Ese video lo subí yo en plena 125 y los gorilas me reventaban la casilla con puteadas!Por fin JUSTICIA! Gorilas...
NO PASARÁN!!!!!!!!!!!!!!!!!

Silvia Ca dijo...

Excelente sintesis de jpf.
Eva tambien mostraba a los humildes que ellos tenian derecho a lo bello, a vivir mejor e hizo todo lo posible para que ellos vivieran asi.
tambien hay que rescatar la valentia de Perón al casarse con ella.
en el libro "la creacion de lo posible" dice feinnman: "el primer acto revolucionario de Perón fue casarse con una mina y no con un florero"
cada dia que pasa amo mas a Eva y comprendo que Cristina hizo resurgir de nuevo aquellos antiguos viejos prejuicios.
saludos y lo voy a poner en mis favoritos a este video!

Belén dijo...

De Eduardo Galeano
"¡Viva el cáncer!, escribió alguna mano enemiga en un muro de Buenos Aires. La odiaban, la odian los bien comidos: por pobre, por mujer, por insolente. Ella los desafía hablando y los ofendía viviendo. Nacida para sirvienta, o a lo sumo para actríz de melodramas baratos. Evita se había salido de su lugar. La querían, la quieren los malqueridos; por su boca ellos decían y maldecían. Además Evita era el hada rubia que abrazaba al leproso y al haraposo y daba paz al desesperado, el incesante manantial que prodigaba empleos y colchones, zapatos y máquinas de coser, dentaduras postizas, ajuares de novia. Los míseros recibían estas caridades desde al lado, no desde arriba, aunque Evita luciera joyas despampanantes y en pleno verano ostentara abrigos de visón. No es que le perdonaran el lujo: se lo celebraban. No se sentía el pueblo humillado sino vengado por sus atavíos de reina. Ante el cuerpo de Evita, rodeado de claveles blancos desfila el pueblo llorando. Día tras día, noche tras noche, la hilera de antorchas: una caravana de dos semanas de largo. Suspiran aliviados los usureros, los mercaderes, los señores de la tierra. Muerta Evita, el presidente Perón es un cuchillo sin filo."
[Eduardo Galeano, Memorias del Fuego, México, Siglo XXI, 1990]