jueves, 7 de julio de 2011

Quillotanas

El debate democrático sobre qué tipo de institucionalidad era necesario para organizar a la sociedad Argentina en el 83, pos dictadura, hoy reencarna en nuevos debates sobre el que hacer institucional. Enamorados de una época de oro, siempre dispuestos a refundar la patria con la pureza de las instituciones republicanas, algunos caballeros andantes de la republican resucitan un discurso fuera de época. Plantean soluciones a distintos problemas. Porque estos progresistas de matriz europea conciben al progresismo como mero fin en si mismo. Aquella celebre oratoria de Alfonsin “con la democracia se come se educa” tiene que ser entendida en situación. El tiempo pasa, y sin embargo, la fortuna encuentra a los hombres repitiendo las mismas acciones. Ese debate era en su contexto insuperable; hoy, con las instituciones de la republica en funcionamiento queda un poco obsoleto. En este contexto, es interesante el reproche que Alberdi le hace a Sarmiento después de la caída de Rosas:

La prensa de combate y el silencio de guerra son armas que el partido liberal argentino usó en 1827; y su resultado fue la elevación de Rosas y su despotismo de veinte años. Ud y sus amigos, volviendo a la exaltación bisoña de aquel tiempo, no hacen más que repetir los desaciertos del antiguo partido unitario, que Ud. mismo condeno en Facundo en días más serenos, y que hoy, después de veinte años de lecciones sangrientas, pretenden repetir sin tener la excusa de sus modelos.” (Alberdi, Cartas Quillotanas, carta primera, 1853)

Lo que Alberdi le dice a Sarmiento es algo que hoy se le puede reprochar a cierto progresismo argentino, de matriz liberal (-¡no son interlocutores míos aquellos que deliberadamente llaman a la dictadura!-).

Caído Rosas, el debate político en la argentina de la confederación había adquirido una hostilidad significante. Algunos escritores –Sarmiento en este caso-, seguían escribiendo con la misma violencia que escribían en tiempos del tirano. Con los mismos argumentos del 26, con la misma lógica de civilización y barbarie, con la misma lógica del progreso y la reacción. La republica argentina necesitaba de constructores, no de odios indefinidos. Rosas ya no estaba en las pampas argentinas, pero si seguía en la mentes de los terroristas de la prensa. Alberdi veía peligroso hacer de Urquiza un Rosas.

El día que creáis lícito destruir al gaucho porque no piensa como vos, escribís vuestra propia sentencia de exterminio y renováis el sistema de Rosas. (…) Si tenemos derecho para suprimir al caidillo y sus secuaces porque no piensan como nosotros, ellos lo invocaran mañana para suprimirnos a nosotros porque no pensamos como ellos.”

Cierto discurso seudo republicano plantea esta radicalidad conceptual. Se manejan como si el kirchnerismo fuese la dictadura misma. Lo dicen abiertamente. Comparan a Cristina con Rosas, dicen que Kirchner es como Hitler, confunden decisión con autoritarismo, mando con dictadura y política con imposición.

Repitiendo viejas antinomias -inexistentes hoy en pleno proceso democrático-, una horda de bárbaros corea como loro viejos conceptos, simplificando cuestiones políticas, llevando el argumento a una cuestión moral entre buenos y malos. Ejemplos de ello, artículos como “La constitución o el delito” de Santiago Kovadloff, y ni hablar de algunos políticos que rememorando viejas banderas de Franja Morada, plantean una discusión inexistente en la problemática política. Los demócratas de ayer, recurren al discurso seudo progresiíta para repetir las mismas acciones. Ayer fueron necesarias, hoy huelen a polillas.