
Riquelme es esencialmente peronista.
Su ética futbolística lo demuestra, sus códigos. Su moral de esclavo hegeliano en lo estrictamente discursivo, y su moral de amo nietzscheno en lo futbolístico. Es un guerrero (¿la “bestia morocha” a diferencia de la “bestia rubia” del loco?), un noble, creador de valores: la voluntad de poder se expresa en la disposición espacial de esa Musa llamada pelota. Porque Riquelme es un patrón en un fútbol desalienado, capataz, sus pases son reformas agrarias mentales, y en una cárcel o fabrica, Riquelme no necesita de la estructura panóptica para tener el control y dominar; su capacidad es innata, es un tiempista contra el tiempo de esas tácticas tayloristas, que sólo ven la eficacia en la rapidez.. Como un líder carismático, pero despersonalizado, Riquelme dá conciencia a esa Musa, que es parte de si; la pelota. Por eso Macri lo odia, porque del laberinto sale haciendo paredes.
¿el peronismo es todo ese mejunje conceptual?
Riquelme es peronista porque pone los interese de la nación por encima de las particularidades. Como decía el General, “primero la nación, después del movimiento, y por último los hombres”.