lunes, 27 de diciembre de 2010

Hecho maldito y estado de excepción



Fue Carl Schmitt quien mejor desarrolló a aquel concepto de Donoso Cortes sobre la Teología Política. Decía el alemán que todos los conceptos jurídicos a de la teoría moderna del Estado eran conceptos teológicos secularizados. El “milagro” en el plano teológico significaba la ruptura de una realidad natural causal. Con el milagro se terminaba la lógica aristotélica. Lo que en teológica es Milagro, en la teoría moderna del derecho es “estado de excepción”. La ruptura o la suspensión de un orden jurídico es un milagro en términos jurídico-teológico. No es extraño que la primera obra de Carl Schmitt se llamara La Dictadura.

La metáfora teológica-política puede servir para explicar el origen socio-político del peronismo y con este, la solución al problema del peronismo. Son dos excepcionalidades, y fue John William Cooke quien -si ser del palo de los pensadores teológicos políticos, aunque si era un hombre de derecho como Carl Schmitt- mejor entendió el estado de excepción.

Es conocida la famosa frase de Cooke sobre el peronismo. (Pongamos el párrafo entero para entender el contexto):

“Lo que en 1945 había sido una concentración del poderío mediante la amalgama de fuerzas diversas, se transformó en causa de su debilidad cuando éstas tendieron a chocar. En lugar de aquella unidad existía una dispersión que se disimulaba por el liderazgo de Perón, aceptado sin reservas por la clase trabajadora y con apatía creciente por otros sectores, hasta convertirse en simulación a la espera de la oportunidad para defeccionar. Durante bastante tiempo, el prestigio de Perón evitó las colisiones, pero aunque podía absorber estas contradicciones, no las suprimía; algunas aparecieron a la luz en los momentos finales del régimen, otras después de la caída. El equilibrio era ya insostenible, y el frente estaba desarticulado. Eso explica por qué el peronismo sigue siendo el hecho maldito de la política argentina: su cohesión y empuje es el de las clases que tienden a la destrucción del statu quo.” (Jonh William Cooke, Peronismo y Revolución, Granica Editor, Buenos Aires, 3ra. Edición junio de 1973, pag, 123)

La ultima oración es contundente: “cohesión y empuje” de los sectores que tienden a destruir el orden establecido. El peronismo es revolucionario porque es anti status quo en lo cultural, el lo institucional y lo estético político. Sus filas pelean en una excepcionalidad permanente, y el orden a derribar, el de la estética y moral de la oligarquía.

El estado de excepción lo decide el soberano. El único que puede interrumpir el orden establecido. El soberano en el plano teológico político es quien produce el milagro. La visión de Cooke entra de llena en la teología política. Si el milagro, la excepción es de carácter maldito, no puede ser otro el agente que decide sobre el orden que un soberano maldito, un ángel caído, un demonio, o quizá, un genio maligno, Descartes.

El hecho maldito de la política burguesa es el producto de una decisión soberana, pero, la ironía de Cooke va más allá. Este soberano no es Dios, sino el Diablo.

La solución, la Ruptura del orden maldito por la restauración del orden bendito. La respuesta el 17 de octubre el golpe gorila del 55. Hecho maldito y estado de excepción.

Agregado:

En un reciente artículo Fernando Peirone reinterpreta el concepto de lo político en una orientación parecida a este artículo, y se trata de la irrupción de la juventud en el nuevo escenario político:

“Es decir, el kirchnerismo logró algo que era bastante impensable: que en su interior convivan los vicios inerciales de una política tradicional que aún no ha perdido sentido ni justificativos, junto al desarrollo de las condiciones para una reinvención institucional acorde con los nuevos procesos de subjetivación e intervención política. La interacción dialógica entre estas concepciones políticas –que incluye a la blogosfera, tanto como a la juventud sindical, las redes sociales y el universo del rock, entre otras expresiones disímiles pero igualmente entusiastas– nos distingue de muchos países que aún no han encontrado un punto de encuentro que facilite la transición a una nueva época. Es un desafío a nuestras propias expectativas.”

La juventud, otro hecho maldito.

No hay comentarios: