En la historia de la filosofía, (los filósofos), estos personajes siniestros se valieron de cualquier medio para convencer a sus discípulos. Por ejemplo Platón criticaba el mundo de la sofistica, la concepción de la realidad, las articulaciones discursivas de la sociedad por porte de lo sofistas, pero a la vez explicaba (magistralmente) a través de analogías, mitos, alegorías, su concepción metafísica de la realidad. Si la epistemología es la ontología, si la estética es la ética, y para acceder a estos supuestos necesito aprender la filosofía, triste destino (¿o realista?) el de la humanidad. Bien enseñó el Sócrates platónico en el Fedón: “
Filosofar es aprender a morir”. Esta corrupción de la juventud (y decadencia) por parte de Sócrates –según Nietzsche-, está latente hoy en toda concepción política cultural. Cuantos discursos políticos invitan a un mundo, una sociedad argentina si corrupción, ilustrada, onológicamente superior a la barbarie, insensiblemente bella. Desde el progresismo blanco se llama al diálogo (la nueva palabrita), y desde la izquierda pueril, a conocer la luz del socialismo. Desde la derecha, el discurso es moral, cívico y ascético e impúdico. Nietzsche no enseñó a distinguir lo “malo” y lo “malvado”, Buzzi entre lo “bueno” y lo “buenazo”. La idea no es refutar el mito y develar una nueva concepción política o defensa de la caverna, quizá algo más profundo, o como bien dice Nietzsche:
“Yo no refuto los ideales, ante ellos, simplemente, me pongo los guantes...”Según este mito platónico expuesto en Republica, VII 514a , la humanidad esta sumergida en la ignorancia, expresada en el ideal de la caverna. En este lugar, las personas están encadenadas de pies y manos, con el pescuezo encadenado con una especie de cuello ortopédico en el cual no puede girar y mirar para atras, sólo cabe mirar adelante. Detrás de este pueblo descamisado e ignorante, están los hombres que proyectan sombras a través de un gran fogón. La realidad concreta del pobrerío ignorante, son sombras de títeres manejados por personas que solo accedieron al mundo de la opinión. No hay conocimiento verdadero en este sector de la caverna. (Copia de imágenes, porque como veremos después, ese mundo tampoco es verdadero), llámele a estos titiriteros: Juan Perón, Evita, Cristina, intendentes del conurbano. En este mundo de apariencia, los prisioneros son el pueblo descamisado, y solo tienen acceso a choripanes y alpargatas.

Pero un mito explica todo, o como dice Atahualpa: “
el mito es una deliciosa mentira”. Devenida la humanidad en la ignorancia y la barbarie, un prisionero logra liberarse de las cadenas, y puede ver la otra parte de la realidad, y advierte que más allá del fogón existe una luz. Una luz que ilumina el conocimiento de la realidad, es la Idea del Bien. Como el hombre es un ser que se asombra intenta acceder por la abertura de la caverna a ese mundo maravilloso, hermoso y ético. Es el reino de los fines, donde esta la belleza en si, la moral en si y el peronismo en si. Es un lugar donde el político puede ver que hay al algo más que los intendentes del conurbano, el kirchnerismo y o el zoologismo gubernamental. El político se convierte en filósofo y decide volver a su morada a enseñar el nuevo mundo a los prisioneros del clientelismo político. Cabe recordar que Platon advertía de que en el regreso, los prisioneros al no conocer el otro mundo, no recibirían bien la nueva noticia, y que seguramente intentarían asesinar al filósofo. de aquí la arrogancia de aquellos políticos que conocieron el mundo en si, sólo ellos conocen la verdad, en cambio el pueblo es ignorante.

Este estilo filosófico de inventar mundos, según Nietzsche no es una falsa concepción, no es ceguera, sino cobardía.
“
El "mundo verdadero" y el "mundo aparente" - dicho con claridad el mundo fingido y la realidad... Hasta ahora la mentira del ideal ha constituido la maldición contra la realidad, la humanidad misma ha sido engañada y falseada por tal mentira hasta en sus instintos más básicos - hasta llegar a adorar los valores inversos de aquellos solos que habrían garantizado el florecimiento, el futuro, el elevado derecho al futuro.” Ecce Homo Prólogo